TALLERES "Las Teresas"


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Monte carmelo

El Monte Carmelo (en hebreo Har ha' Karmel, en árabe Yabal al-Karmil), es una cordillera en Israel sobre el Mar Mediterráneo, en Haifa. Su nombre significa jardín. En la antigüedad estaba cubierta por viñedos y fue siempre famosa por su fertilidad.

En el lado Occidental del Monte Carmelo se encuentra situado el Monasterio Carmelita Stella Maris (estrella del mar). El Monasterio actual se construyó en 1827.

El centro del convento lo ocupa el santuario de la Virgen del Carmen. La iglesia es de estilo neoclásico italiano, tiene una bella cúpula y un altar magnífico, construidos sobre la cueva en que la tradición indica que vivió Elías.

En el altar mayor de esta hermosa iglesia en cruz griega se venera la estatua de la Virgen del Carmen, obra de Giovanni Battista Garaventa, un escultor italiano. Fue coronada en el Vaticano en presencia de Pío VII, 4 de marzo 1823. El 10 de junio de 1836 fue solemnemente colocada en el altar mayor de la iglesia del Monte Carmelo. Después de su restauración (1933) fue bendecida por el Papa Pío XI.

Una tradición piadosa sostiene que, desde los días de los profetas Elías y Eliseo, hubo en aquella zona hombres de oración que vivían en soledad la búsqueda de Dios.

En el siglo XII, imitando al profeta Elías, un grupo de ermitaños se estableció en el Monte Carmelo. Quisieron vivir bajo los aspectos marianos que salían reflejados en los textos evangélicos: maternidad divina, virginidad, inmaculada concepción y anunciación. Estos devotos que decidieron vivir en comunidad bajo la oración y la pobreza, fueron la cuna de la Orden de los Carmelitas, y su devoción a la Virgen permitió que naciera una nuevo advocación: Nuestra Señora del Carmen.

Pero la devoción tiene resonancias ya desde el Antiguo Testamento con el profeta Elías:
a) Aquí se refugió huyendo de Ajab y Jezabel. Lo recuerda la gruta al pie del altar mayor con una imagen del profeta Elías.
b) Y desde aquí (donde hay la hermosa vista de la bahía y de la ciudad de Haifa, que se extiende a los pies del monte) el criado de Elías (Libro 1º de los Reyes, 18,44-45) vio la "Nubecilla" que nacía del mar, imagen de la Virgen María. Nubecilla, inicio de abundante lluvia. María, que fecundaría el mundo con la lluvia copiosa de la gracia, que es su Hijo Jesús.

En 1214 dichos ermitaños consiguieron que San Alberto Avogadro, o de Vercelli, Patriarca de Jerusalén les aprobase la regla de vida. La Regla albertina será siempre punto de referencia y el libro fundamental de la historia y espiritualidad de la Orden del Carmen.

Jaime de Vitry, obispo de Acre (1210 - 1228), en su "Historia Orientalis" escribió acerca este grupo naciente de carmelitas. Afirma que aquellos devotos peregrinos, provenientes de varios países europeos, se quedaban en Palestina para consagrarse al Señor, abrazando allí la vida monástica en el Monte Carmelo, en las cercanías de la fuente de Elías. Siguiendo el ejemplo del santo y solitario profeta Elías, "vivían en pequeñas celdas y, cual abejas del Señor, se dedicaban a elaborar en sus colmenas una miel espiritual de exquisita dulzura".

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Muchos cruzados que regresaban a su patria también conocieron y llevaron con ellos la devoción a la Virgen del Carmelo.

En 1241 el Barón de Grey de Inglaterra regresaba de las Cruzadas en Palestina trayendo consigo un grupo de religiosos del Monte Carmelo a los que les obsequió una mansión en Aylesford. Diez años mas tarde ocurrió allí la aparición de Nuestra Señora a Simón Stock dándole el Escapulario Carmelita que siempre llevan.

Los Carmelitas buscan desde Aylesford, Inglaterra, propagar su espiritualidad por el continente.
En el siglo XIII, Inocencio IV concede a los Carmelitas el privilegio de ser incluidos entre las Órdenes mendicantes (junto con los Franciscanos y Dominicos).

La constitución "Devotionis vestrae", dirigido desde Lyon por Inocencio IV, el 12 de julio de 1247, al Prior y a los hermanos de Santa María del Monte Carmelo, menciona por primera vez el título mariano de la orden: "breve Orden de Santa María del Monte Carmelo".
Otros papas, en varias de sus bulas o decretos, a lo largo de este siglo XIII, darán a la Orden este título mariano.

El Papa Urbano IV, el 19 de febrero de 1263, en su rescripto "Quoniam ut ait", anima a los fieles de Tierra Santa concediéndoles cien días de indulgencia por cada ayuda material que diesen al Provincial de los carmelitas, entregado a la reconstrucción del monasterio cuna de la Orden. Precisamente en ese contexto prosaico, el Papa recuerda, de pasada, que María es la Patrona del Carmelo, cosa que se da por vez primera en un documento pontificio.

A partir de estos años de mediados del siglo XIII casi todos los papas hablan del marianismo de la Orden del Carmen y la recomiendan a reyes, príncipes y obispos, a la vez que elogian su labor.

Humberto de Dijon, dominico francés, en 1330 describe en su obra "Liber peregrinationis":
"En el Monte Carmelo se encuentra una capilla bastante devota, erigida en honor de la Santa Virgen. De este monte y de esa capilla como ellos mismos lo afirman traen su origen y su nombre los Hermanos Carmelitas llamados Hermanos de Santa María del Carmelo..."

Todos los testimonios conocidos concuerdan con los descubrimientos arqueológicos realizados en 1958 en el Wadies Siah, donde aparecieron las ruinas del monasterio y de la iglesia que los ermitaños latinos levantaron en el primer cuarto del siglo XIII en honor de la Virgen María.


Siglos después gracias al P. Próspero del Espíritu Santo, Carmelita Descalzo de la congregación italiana pero de origen español, se cumple el sueño de volver el Monte Carmelo. El 30 de abril de 1633 se inaugura de manera oficial la vida de comunidad al estilo de los desiertos y noviciados, así lo comunica al General, se puede vivir en el Monte Carmelo al estilo de los Desiertos pero no por ello se olvida la vida de misión entre las gentes que viven en las cercanías del Santo Monte.

Que la Virgen María del Carmen, nuestra Santísima Madre, como la llamamos desde hace casi ocho siglos los Carmelitas y las Carmelitas, proteja al mundo, a la iglesia y al Carmelo.


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